La aventura comenzaba en el rincón de las Casas, donde el sombrero seleccionador dictaba el destino de cada estudiante entre Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Desde allí, el recorrido nos llevaba al misterioso rincón de Pociones, un laboratorio lleno de calderos humeantes y frascos de ingredientes extraños donde la ciencia y la fantasía se daban la mano de forma espectacular.
El intelecto también tuvo su espacio protagonista. En el rincón lingüístico, las plumas de ave y los pergaminos servían para trabajar la narrativa fantástica, mientras que el rincón de idiomas nos transportaba a una versión internacional de la escuela de magia, practicando hechizos y diálogos en lenguas extranjeras. Por su parte, el rincón matemático desafió a todos/as con enigmas numéricos dignos de la cámara de los secretos, demostrando que los números también pueden ser mágicos si se saben descifrar.
Este proyecto no solo ha decorado nuestro colegio, sino que ha unido a los7as alumnos/as en un objetivo común: aprender de una forma distinta, creativa y emocionante. Ha sido un orgullo ver cómo han cuidado cada detalle. Sin duda, este febrero quedará marcado en nuestra memoria como el mes en el que Hogwarts se mudó a nuestras aulas para recordarnos que, con esfuerzo y creatividad, la magia es real.




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